En la habitación, los dos. El se acercó a ella, en silencio, un leve movimiento de la mano y un brusco giro de la cabeza.
-No puedo.
-Mírame a los ojos -murmuró
El viento y el sonido de la calle volvieron a ser los únicos en romper la noche. Un pequeño instante, horas para ambos.
-No sé hacerlo... tengo miedo a no saber compartir.
Sin mirarse, sin contacto, sin deseo...
Las manos de ella rodearon su cuello, se acercó y con una fina voz: Sé que en algún momento vendrás a por mi, pero ya será tarde.
