Si Ella pudiese escribir, si tuviese las manos con las que
tomar papel y reflejar su dolor, sus palabras estarían llenas de la amargura de
alguien que, en su última etapa de la vida, es consciente de que llega su
final. Una vida larga y llena de maravillas que se verá condenada a la
necesidad y escasez por la vejación y maltrato recibido. Aun así, si Ella
pudiese escribir, no señalaría con el dedo culpables, ni siquiera trataría de
buscarlos, tan solo escribiría para dar un último grito de supervivencia:
“Guardadme, abridme un
hueco en vuestras conciencias y observadme. Solo soy el escenario de vuestra
obra, aquel que perdurará con el éxito de vuestra representación y aquel que se
derrumbará con el último acto de esta continua tragedia. Bosques, desiertos y
ríos; nada permanecerá aquí. Actores y
escenario, todos somos parte de este teatro.”

