Dejar que los días pasen, perder la noción del tiempo, ignorar donde vives o de donde vienes, desconocer todas aquellas caras que en un momento fueron tus amigos. ¿Llegarás a no reconocer a quien trajiste al mundo?
Años de dolor, rodeados de olvido forzado, no de olvido obligado. A veces resulta más fácil el primero que el segundo, al menos para aquellos que lo presencian.
Olvida. Olvida quien eres. Olvida tu vida, tus errores e incluso olvida a quienes están a tu alrededor. La felicidad llegará, llegará cuando tu mente pierda los vestigios que aun la unen a su memoria y tu vida sea sola para ti, para tus falsos recuerdos, para tus pequeños momentos de lucidez en los que pensarás sobre tu vida y, gracias a tu memoria, pensarás que fue alegre.
sábado, 23 de junio de 2012
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