domingo, 14 de octubre de 2012

El vicio del desesperado

Con un cigarro en la boca, un cenicero a su derecha, y un hilo de humo ascendiendo hasta el techo pasaba las horas frente al ordenador. Primero la música, después los contactos y finalmente las redes sociales. Una vida condenada al sedentarismo y la monotonía; a la soledad y a la desaparición.

Pensamientos de obligaciones y familia volaban en su mente encendiendo, o al menos intentándolo, su conciencia humana, su deseos y aspiraciones. En vano. Las horas seguían una tras otra, los días pasaban y no parecía percibirse el paso del tiempo, del malgasto del tiempo.

Con mirada cansada, con paso renqueante, buscaba su nuevo camino para verse envuelto en su vicio. El cigarro era lo que menos daño le hacía, la soledad, el tiempo y la rutina se habían convertido en un cáncer.

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