Con paso lento recogió sus maletas, una vida en 3 metros cúbicos, empaquetada hasta desafiar las leyes de la física y comprimida casi hasta la asfixia. No era él único en esa situación, había más semblantes que reflejaban tener un destino similar.
-A la puerta cinco señor, gracias.
Unas palabras monótonas, sin entonación alguna y casi robóticas, dignas del mejor de los adoctrinamientos. No era el lugar, debía avanzar y caminar.
Otra mirada atrás, esta sería la última, era su promesa. A sus espaldas la puerta de embarque, la salida y sus familiares. A su derecha el cartel que años atrás tanta gracia le hizo; Bilbao al más puro estilo Hollywood. Al frente la entrada del avión, y en su mano los pasajes, Bilbao - Madrid y Madrid - Buenos Aires. Era nuestro turno de revivir el camino que tantos hicieron en sentido contrario pero con las mismas promesas y esperanzas.

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