domingo, 28 de octubre de 2012

Anwyere

Los aviones rompían su concentración, podía oír como sus motores aceleraban para alcanzar la velocidad de despegue y los ventanales del aeropuerto vibraban por el viento. Un suspiro, una mirada atrás y un giro intentando evitar la realidad, su vuelo hacia la huida salía en dos horas. 

Con paso lento recogió sus maletas, una vida en 3 metros cúbicos, empaquetada hasta desafiar las leyes de la física y comprimida casi hasta la asfixia. No era él único en esa situación, había más semblantes que reflejaban tener un destino similar.

-A la puerta cinco señor, gracias.

Unas palabras monótonas, sin entonación alguna y casi robóticas, dignas del mejor de los adoctrinamientos. No era el lugar, debía avanzar y caminar.

Otra mirada atrás, esta sería la última, era su promesa. A sus espaldas la puerta de embarque, la salida y sus familiares. A su derecha el cartel que años atrás tanta gracia le hizo; Bilbao al más puro estilo Hollywood. Al frente la entrada del avión, y en su mano los pasajes, Bilbao - Madrid y Madrid - Buenos Aires. Era nuestro turno de revivir el camino que tantos hicieron en sentido contrario pero con las mismas promesas y esperanzas.


domingo, 14 de octubre de 2012

El vicio del desesperado

Con un cigarro en la boca, un cenicero a su derecha, y un hilo de humo ascendiendo hasta el techo pasaba las horas frente al ordenador. Primero la música, después los contactos y finalmente las redes sociales. Una vida condenada al sedentarismo y la monotonía; a la soledad y a la desaparición.

Pensamientos de obligaciones y familia volaban en su mente encendiendo, o al menos intentándolo, su conciencia humana, su deseos y aspiraciones. En vano. Las horas seguían una tras otra, los días pasaban y no parecía percibirse el paso del tiempo, del malgasto del tiempo.

Con mirada cansada, con paso renqueante, buscaba su nuevo camino para verse envuelto en su vicio. El cigarro era lo que menos daño le hacía, la soledad, el tiempo y la rutina se habían convertido en un cáncer.